Nuestro compañero en Clubpa y Strands Fernando Gómez Mancha (fgmancha) acaba de publicar su tercera novela, titulada EL ATLETA SIN MEMORIA, una intrigante historia donde el protagonista es una atleta, como nosotros.
Especialmente recomendado para los amantes del deporte y para los amantes de la buena literatura.
En la contraportada del libro se puede leer lo siguiente:
“No recuerda casi nada, lo ha olvidado casi todo, incluso su nombre; sin embargo, no ha olvidado que le gusta correr, que se siente vivo cuando lo hace. Pero, ¿cuál es la causa de su amnesia? En esta historia —plena de las más humanas sensaciones y sentimientos— subyace un misterio que se irá desvelando muy poco a poco, conforme el lector se va adentrando en la novela. Intriga, relaciones humanas, cotidianidad, pasiones, humor, ternura, esperanza, violencia, soledad…, un cóctel perfectamente armónico que te atrapará, sin duda. El atleta sin memoria recorre, cual Ulises de Homero, el camino de vuelta a su patria, una Ítaca distinta de la que partió, y es el suyo un recorrido intenso, natural, afortunado, que le guiará hacia su destino. No obstante, para llegar a él tendrá que elegir entre recordar u olvidar; en un momento de la novela, el protagonista, incluso, dice “…no puedo recordar apenas nada, aunque mucho me temo que si pudiera, quizás, no quisiera hacerlo” pues, a veces, olvidar es lo único que podemos hacer si queremos seguir viviendo”.
RECOMENDABLE 100%.
Si te interesa adquirirlo a un precio ventajoso, y si lo quieres dedicado por el autor, escribe un correo a fgmanchaw@gmail.com indicando tu nombre y tu dirección completa.
EN ESTE 2012 NO “OLVIDES” AL ATLETA SIN MEMORIA.
.
A continuación te regalamos un fragmento de la novela:
“Corro, corro como si me fuera la vida en ello. Sin embargo, la realidad es que no me juego nada, o al menos eso creo…, y sigo corriendo. Me siento vivo cuando mi cuerpo me obedece, cuando decido alargar la zancada, aumentar la cadencia, elevar un centímetro más las rodillas, pisar con firmeza, impulsar con fuerza, volar por un instante fugaz; y es por eso por lo que corro, en definitiva, por sentirme vivo […] Este aire me duele en su pureza, aun así respiro intensamente queriendo que penetre hasta lo más profundo de mi ser, que se instale en mis pulmones urbanos y los limpie, los desholline, los purifique; que se renueve toda mi sangre y se haga fuerte, aquí, en la montaña, donde el cielo está un poco más cerca…; un cielo pintado de un azul intenso, homogéneo, vehemente, vivo, un azul que no creo haber contemplado nunca antes […] Ralentizo el ritmo pues he de tener cuidado, hay demasiadas piñas caídas y no quisiera lastimarme los tobillos. Llevo una mochila que apenas me pesa y, dentro de ella, un par de mudas, una bolsa pequeña de aseo, tres o cuatro libros de bolsillo, un enorme fajo de billetes de quinientos euros que he metido dentro de una bolsa de plástico y…, creo que eso es todo. No necesito más equipaje. ¿Para qué más? Mi macuto, el correr y yo…, y la naturaleza. Mis músculos se ponen de acuerdo y efectúan, perfectamente coordinados, una extraordinaria danza de contracciones y distensiones, imposible de pronosticar; todo es instinto, todo es natural, nada se piensa, mi cuerpo solo actúa, recuerda millones de años de movimientos y evolución. Sin embargo, mi cabeza está vacía; desde hace poco tiempo, pero está vacía. Aunque lo intento, no soy capaz de recordar nada: ni quién soy, ni qué hago aquí, ni de dónde vengo, ni si tengo familia, esposa, novia, padres o hijos, ni qué plato prefiero, ni cuáles son mis sueños…, nada. No recuerdo nada ni siquiera mi nombre… Bueno sí, ahora que lo pienso mejor, sí que hay algo que no he olvidado y es que me gusta correr. Soy, pues, un atleta sin memoria”.


